Olvido ¡ya!

mordiéndome los labios

besados por tu boca;

condeno a la horca

nuestros últimos resabios,

te pensaba sin horarios

en mi mente loca.

Amante no docta

de tus ojos temerarios  

a hora con el tiempo

sumido en mis abismos 

cierto, no te siento

en momentos tan divinos 

abrí ya varios vinos

y cerré, no miento

esos ojos de tormento

esos ojos fugitivos

otoño; verano

Te busco hoy 

con mis ojos 

hojas de despojos

otoños, antojos

pronto, no tan pronto.

ojos son otoños 

olvido yo 

los veranos

OTREDAD

La noche sumía mis sentimientos, el aire rodaba dando vueltas en el estrellado cielo, gélido su aliento que se colaba por la ventana de la sala de mi apartamento, mis pis descalzos, sentían el frío abrumador, quería alcanzar mi taza de café pero estaba muy  lejos, yo me estiraba y me estiraba y no podía, escuchaba el silbido del viento contra la retahíla de arboles, no concebía lo que pasaba, siempre me ha gustado la noche, su oscuridad incita a mi auto descubrimiento, seduce mis emociones, me alebresta, hace que mi sangre se sienta enloquecida con su magnificencia, es tan bella, tan incógnita, y el toque especial de los pinos y su grandeza y robustez emperifolla mis emociones al grado de hacerme descubrir algo nuevo sobre mí, cada vez que contemplo este paisaje, pero hoy este paisaje me hacia sentir impotente, no podía descubrir el porqué, entre minuto y minuto mi desesperación aumenta, empecé a sudar, y aunque el viento era demasiado fuerte y ruidoso, yo sentía que el aire me faltaba, el café humeaba, como si estuviera caliente aún, eso me hacía sentir más atraído hacia él, pronto vi como una sombra pasaba a lado de mí, pero no distinguía bien su forma, la veía a color pero más como sombro, como una figura etérea y diáfana que tenía algo de familiar, pero, nunca pude deducir, qué.

Ese figura tomo mi café con una elegancia inigualable yo gritaba, le grita, trataba de pararme pero no podía, mi peso era descomunal, no podía, pronto no sé como voltee a ver mi cuerpo, mi abdomen era una bola de masa, asquerosamente inmensa, mis piernas no se divisaban, en ese momento trate de mover mis manos, pero cuando esta apunto de ponerlas en la periferia de mi vista, me arrepentía, no quería ver más asquerosidades, la sombra pronto se termino mi café,  dio media vuelta y se dirigió a la puerta y ahí se desvaneció.

Chica de la librería

Hace mucho que yo soñaba con ella, con sus ojos verdes su cuerpo, no me podía contener, la veía, siempre que iba a esa librería, era ya en mí, una costumbre arraigada, la veía y la veía, sin poder hablarle, casi ya éramos íntimos sin siquiera conocernos, sus rostro estaba en mi mente dibujado a perfección, cada rasgo de ella, su pequeño lunar bajo el labio, sus pestañas largas, su cabello corto, no podía mantener mi ritmo cardiaco estable cada que la veía, suspirando bajo la luz de sol, un día, un día de esos donde los efebos maduran deje atrás toda mi cobardía, la enfrente con un que tal, cómo te va, a lo que ella respondió, hace meses que quieres hacerme esa pregunta, y no te atreves, porqué, la respuesta me dejó helado, no sabía yo ni en que planeta estaba, como pude le gemí la que pensé era la más inteligentes de mis respuestas, tenía miedo a que me ignoraras, y se te ha quitado el miedo, o descubriste que la ignorancia no es una de mis cualidades, por supuesto, mis latidos habían acelerado más, sus respuestas era tan elocuentes, tan pintorescas, tan coquetas, yo, le dije que su ignorancia no era el problema, si no la mía, ya que, yo ignoraba que era mantener un platica con una mujer tan bella, sin duda sentí que me lucí con esa respuesta, pero parecía que a ella no le había impresionado tanto, me dijo basta de frases planeadas, dime como te llamas mientras me acompañas por un café, mi manos sudaban, los minutos pasaba, yo accedí gustoso, compré un libro que quería desde hace mucho, (En busca del tiempo perdido de Márcel Proust tomo 1), y nos dirigimos a un café que ella me recomendó, en la librería me dijiste que hace mucho quería hacer eso, bueno te observo desde el martes, estamos a sábado, no creo sin duda que haya sido demasiado, Pues para mí fue eterno, me respondió, yo esperaba desde el miércoles tomar un café contigo, Y dime como te llamas, cada vez me sentía más seguro de mí mismo, Pamela, y tú te llamas… Enseguida le dije mi nombre, entramos en la más hermosa y entretenida platica que yo haya tenido, el tiempo pasaba, las tazas una a una se consumían, los labios se mojaban, los míos y los de ellas, era constante la humectación inducida por nosotros mismo ya que quizás queríamos prepararlos para la inducida por el de enfrente, en fin hablamos de libros, de ideología, de opera (aunque yo no sabía mucho), de música de los estudios, hablamos de temas tan diversos, ella sin duda era un persona singular, con gustos exóticos, le gustaba Sade, Maquiavelo, la literatura Griega, la belicosidad, el honor, la lealtad, eso simplemente me encanto, ella veía en Kafka un virtuoso corrompido por su misma virtud, que simplemente servía, para dar nauseas a quien lo hubiera conocido, me dijo que sin duda su padre habría tenido todas las escusas para en realidad haber sido tan cruel con él al tener un hijo tan sumiso, tan agachado, tan egocéntrico, tan poco leal, tan incapaz de enfrentar su errores, tan incapaz de recibir críticas, tan incapaz de asumir actos, en fin me dijo también que la locura de Hesse le fascinaba, que si había algo que la volvía loca, era un hombre loco, raro, diferente, de repente, empezó a cantar un tipo, una especie de trovador que más bien tocaba baladas, con facha de tipo elegante con una guitarra acústica un poco vieja, era una cosas que no pintaba bien, pero al empezar a escuchar sus canciones la mayoría de José José, me di cuenta que hacía muy buen fondo, yo le seguía contando de mi vida, de mi forma de verla, de que era para mi la lealtad, de que era para mi el compromiso, de la importancia de los sacrificios, de la justicia, de la equidad, del orgullo, le hablé tantas cosas de mí y en sus ojos podía ver el interés reflejado en miradas de total admiración, cabe decir que soy un poco egocéntrico, me encanta sentir que lo que digo es por lo menos tomado en cuenta, me gusta que me vean a los ojos cuando hablo y que ya sea para bien o para mal, la respuesta después de un observación mía sea de más de veinte palabras, ellas así cumplía todos mis requisitos, la llamarón como quince veces mientras platicábamos, colgó trece de ellas, y contesto dos, simplemente para decirle a su amiga que estaba ocupada que llamará luego, que fue lo que hizo y por eso volvió a contestar para decirle que el siguiente día hablaban, eso me encanto, me gusto demasiado, salimos de ahí, yo pague la cuenta como me correspondía, fuimos por unos cigarros nos fumamos siete cigarros, tres yo y cuatro ella, mientras teníamos la coquetería más intensa, me dijo que ella era de las personas que hacían la cosas que deseaba hacer, por que creía que el único momento real era el ahora, y que no sabía si mañana sería demasiado tarde, se mojo los labios, yo entendí su indirecta las sujete del cuello con mi mano, con la mayor sutileza, con parsimonia, mis manos le anunciaba, el próximo beso, la bese, nos besamos, sus labios carnosos, se saciaron de mí, nos abrazamos, nos miramos, enseguida la tome de la mano, caminamos por la noche oscura, no había nada en el cielo, ni una estrella, pero la noche se veía tan bella, le compre una rosa roja, se la di, la lleve a un hotel, subimos, me deshice de mi ropa y de la suya, eso tomo alrededor de quince minutos, lo hice con tal paciencia; disfruté ver cada pequeña desnudez de su cuerpo, que se vislumbraba poco a poco, mis labios rozaban su cuerpo, había velas, lo hicimos en la cama, en el suelo, y en un buró que estaba pegado a ala puerta, la dominé; me dominaba, pero en determinado momento, mi corazón sintió una angustia terrible, no sé por qué razón exactamente, me salí de su femineidad, me beso, me abrazo me hizo sentir que teníamos una relación de años, yo quería vino pero el dinero ya casi se me acababa, cooperamos, compramos vino, y así desnudos los dos como si fuéramos un matrimonio que se conoce hasta el más pequeño lunar, así sin pudor ni vergüenza, bebimos, reímos, jugamos, tuvimos sexo, terminamos, platicamos, me dijo, Sabes, dice Sade que a veces para interesar, hace falta que el vicio ofenda a la virtud, me reí, me subí en ella y con todas mis fuerzas le hice sentir mi pasión, mi dolor, ella lúbrica yo vehemente, se movía impresionantemente, jugueteábamos, el sexo no era sexo nada más, era un arte, era como una buena platica, donde en momentos las cosas eran serias y de vez en cuando un chascarrillos relajaba los pensamientos para luego entrar en divagaciones, abstracciones, charlas más complejas, así como la mezcla perfecta entre seriedad, risas, pasión, velocidad, parsimonia, y todo a su vez armonizando como la lluvia como cuando sube de intensidad y después se convierte en chispas nada más para enseguida revivir y ser una tormenta que apague cualquier incendio, así yo y ella, nos hacíamos, o algo nos hacía a ella y a mí. al terminar la noche  me beso me abrazo, unas lágrimas brotaron de sus ojos, se recostó en mi pecho, y con la vos más tierna me dijo, Y a veces es necesario que la virtud ofenda al vicio.Quedamos profundamente dormidos.

Al otro día la vi en la librería, que ojos, vaya ojos. ¿Cómo será esa chica? Nota: La mala redacción de este texto, mala o confusa mejor dicho es intencional

Rosae

Una rosa, es una rosa es una rosa es una rosa, Triste mañana de mayo, en la cual yo sembraba una rosa, ¿qué haces, me preguntaba Rosa?, cabe decir que Rosa y yo habíamos emprendido la tarea de sembrar una rosa, “la riego, Rosa” –le contesté- “pero a mí no me gusta regar así, perdemos mucho tiempo” –me dijo, Rosa- “Es la única manera de regar la rosa, por que se puede maltratar” –yo pensaba que la rosa así duraría más- “pero no eso es perder mucho tiempo, yo pienso que deberíamos pone una manguera que tirara chorros y así la regaríamos sin perder tiempo, presta atención, que no te digo que lo hagas todo tú, eso sería ingrato he injusto, te estoy proponiendo lo más inteligente, es lo que escucho de los grandes comerciantes, ellos hacen eso, ahorra tiempo, son felices, se quitan fatigas, y la rosa crece” –el desdén en su cara era visible- “la inteligencia Rosa, no es mejor que la sabiduría, yo quiero que mi rosa sea diferente a todas las rosas, que sea más bella, envidiable, no me importa sufrir, no me importa los esfuerzos, mi rosa, Rosa, será la única rosa rosa que pueda llamarse así; rosa. Ford sin duda es inteligente Rosa, producción en masas, ahora es tan normal que creeríamos loco al que quisiera crear un producto con esmero y separado, tardándose más aunque haciéndolo único, todos pensamos que es mejor así, peor que tiene de especial traer un carro que ya traen miles, y ser tan vulgar como para conformarse con la personificación mediante un raspón o algún stick, no Rosa, no es por necesidad de presumir, es por necesidad de vivir, la vida es maravillosa rosa, te gustaría que hubieran más como tú, ¿no verdad?, tampoco a la rosa, Rosa, llámame loco Rosa, es como el amor rosa, hoy es algo tan vulgarmente generalizado que todas las mujeres se quejan diciendo que todos los hombres son iguales, pon atención cuando digo todas y todos aludo a la normalidad contemporánea, ahora bien cuando llega uno que no encaje en ese todos o todas, pues no se quiere por que normalmente se desea lo comercial, lo que esta en Vogue, el hombre que no es como todos los hombres es frustrante, es necio, es inmaduro, pues la madurez se alcanza cuando nuestra idiotez se generaliza, cuando somos símil al idiota de a lado, crecer hoy en día, es actuar como actúa aquel que es como todos los hombres o como todas las mujeres, así como el amor para durar tiene que ser único, está rosa también” “pero debes de respetar mi decisión, vaya, me estás llamando ignorante, ¿soy para ti una ignorante?” “no Rosa, no” “a mi me gusta regar así, así siempre me ha gustado regar, siento que es lo más racional, sin tantas complicaciones, si tanta fatiga, dolo” “pero, debes entender Rosa, que no sólo es tu rosa, sino también la mía, su crecimiento me alegra a mí también” “eso es precisamente lo que debes entender tú si tan sabio te crees”

Sin duda me dio donde más me duele, a eso le ayudo su inteligencia, yo convencido le deje sembrar nuestra rosa, esta floreció, de una forma que no me gusto del todo, pero floreció, yo veía las demás rosas y eran pues, casi idénticas, pero como decirle a Rosa, que ya no quería plantar rosas con ella, si su sólo nombre Rosa me hipnotizaba, Rosa aunque mi verdad sea quizá menos mentira que la tuya no puedo nada más hacer, pues tú eres Rosa mi debilidad, aunque esta rosa, duró lo que duran las rosas, una mañana nada más. 

La soledad es por así decirlo, un método.

Amante

Me gusta el perfume que deja la noche, hoy como otros días contemplo la luna, su lento andar, su suave, casi tenue brillo, el paisaje que deja vislumbra es muy poco, pero es bello, es sutil como todo lo hermoso ¿no sé si algún día pueda dormir, sin antes ver la luna? No losé, pero, sinceramente, no me atrae mucho la idea, es como un rito, como un tic, quizá como una adicción, embriagarme de la luna, de su belleza, de su pureza, sentirme así yo un poco menos corrupto, expiar mis vicios con su brillo, también mis virtudes, esas las exageradas también las expío, he de dormir un rato esta noche.

Justo a las cuatro me despertó mi amante, la más sensual de todas, una musa por antonomasia, tan incógnita, tan oscura, sus cabellos, negros, su tez clara, y uno ojos grandes penetrantes, del color de la noche, su cuerpo, sensual como el de toda musa, incitador, como un violín para un violinista, pecaminosamente bello.

-¿Cómo estás Soledad? Hace mucho que no te veo- le dije mientras le abría la puerta.

-Hace mucho que no me necesita – me contesto con su desaire natural, un desaire excelso, erótico.

-No digas eso linda, siéntate, ¿quieres café?- podía invitarle vino, o quizá whisky pero a mi siempre me ha gustado el café, creo que hasta el peor café tiene una pizca de sensualidad, y como siempre deseo parecer más autoritario de lo que realmente soy, mi pregunta llevó una especie de imposición muy marcada, a lo que ella obviamente respondió que sí, con un movimiento vertical de su cabeza.

-Te noto muy impaciente, y a mí me gusta la paciencia, tu cortejo tan sutil, tan parsimonioso, siempre me ha movido, pero esta brusquedad con la que me acechas hoy me da nauseas, ¿a que se debe?

-Debes de disculparme Soledad, pero mi paciencia es en mí una virtud tan etérea como efímera, además si no te sintieras a gusto ya te habrías marchado. ¿No es así?

-Ni siquiera me has rozado con las yemas de tus dedos la mejilla y ya me has invitado a compartir contigo el más apasionado de tus vicios…

-Vamos, Sole, no te quejes –la interrumpí - ¿Qué tienes esta noche?…

-Además sabes que me es imposible marcharme –continuó- siento una loca y extraña atracción hacía ti.

-Lo sé, lo sé Sole, mejor dejemos estos temas, y disfrutemos de nuestro café.

No sé que le pasaba a Soledad esa noche, se mostraba un poco inquieta, se mostraba caprichosa, dicen que las mujeres tienes un sexto sentido cuando se trata del amor, o por lo menos de a lo que ellas llaman amor, quizá me ha notado con menos interés, quizá me nota, así como lo estoy desazonado, pero cada vez me llena más la luna, esa a la que miro cada noche, me gusta su oscuridad, como dije antes, me gusta su pureza. Yo miraba fijamente a Sole, hay algo en ella que me atrae demasiado, sus ojos que me muestran su alma tan vacía, tan… no sé pero pues de una taza a otra nos embriagamos de la sensualidad del café, la acaricie, a la luz de esa luna que me miraba, que nos miraba con celos, la tome de la mejilla, le bese los cabellos, mis dedos se cercioraron de todos los rincones de su cuerpo, me sonroje al tocar su pechos firmes, la luna se apagó, quizá enfurecida, quizás aburrida, yo me exalte, le quite su ropa, le mordí, el cuello, la tome entre mis brazos, la cargue, ella me decía, “Eres tú el hombre que necesito”, “eres la fuerza que me doma” “tú sabes como escribir en mi cuerpos las más épicas historias” Cada palabra que me decía me apasionaba más, me volvía loco, siempre me ha vuelto loco que me elogien que me hagan sentir único, poderoso, es mi debilidad, quizá caigo en lo corriente, quizá todos lo hombres somos propensos a eso y aunque me doy cuenta de eso no hago nada por remediarlo, ella, me tenía en sus manos, mi  vigor aumentaba conforme a sus halagos, me sentía extasiado, dominante dominado, dominante físico, dominado mental, dominante directo, dominado indirecto, lo peor es que soy consiente de eso y poco me importó, sucumbí a mis impulso, la hice mía, “Eres mía, Soledad” le gemí, sudamos, cantamos, quedo arriba, la puse bajo, la sometí, “Dime que eres mía, Soledad, dilo” le exigí, ella gemía que era mía, “soy tuya, soy tu Soledad”, sucumbí a soledad, la besé, la acaricie, pero había algo embriagador, cada beso, hacia que existiera menos el contexto y más el elemento, que mi cuarto se llenará de Soledad, mi ser se lleno de soledad, era algo excitante, pero vacío, sórdido, nuestros cuerpos chocaba con bestial fuerza, yo lo hacia con enfado ya, con cólera, no sabía porque, ella gritaba, lloraba, “soy tu soledad” ladraba, mis ojos desorbitados, mis manos trémulas, mis labios secos se movieron todos hacía el mismo lugar, en un aullido la aventé, la recosté, con las pocas fuerzas que me quedaba, me quise separar, pero en ese momento caí, pensé que me había desmayado, pero aunque no me podía mover, mis ojos veía, mis oídos oían, mi boca gustaba, mi cuerpo sentía, mis narices olía, olía el perfume de sus pechos, pues justo ahí había caído, los veía, los sentía, hasta los probaba, pero lo peor era que la oía, “estás sólo con migo, Soledad. Soy yo tu musa, tus recuerdos se muestran en mí, observa mis pechos, sangran, tú los has hecho sangra, me encanta, has escrito en mí tus más profundas emociones, me aborreces, en la medida en la que te aborreces a ti mismo, en otros encuentros,  me amas, me elevas, me haces poesía, porque en esos momentos tú eres poesía, pero ahora, eres sórdido, y me sientes mezquina, te exaltas, ¿verdad?, soy tuya, tu soledad, úsame, pues cuando estas conmigo eres tú verdadero, tu profundidad se vuelve superficial, y pus mascaras desaparecen, sedúceme con calma, hazte mío, vuelca tu yo en mí, hoy te he llenado de mí, te has llenado de soledad, pero eres aborrecible, mezquino, corriente, eres uno más hoy eres uno más, no me llamas la atención, eres uno en la manada, de vicios corrompidos con virtudes sobrestimadas, no eres aquel que con toda la verdad de mi corazón dije, que eras, no eres el Homero que pinta en mi odiseas, No eres el Borges que pinta en mí laberintos, no eres el Beethoven que escribe sinfonías en mi femineidad, no eres el Da Vinci que pinta la última cena en mi espalda, eres tú, un amante del café y de la luna, que toma el café más vulgar, conformándose con su pizca de sensualidad, y contempla la luna sin atreverse a tocarla, esta noche fue un regalo para ti, cuando despiertes me habré ido,  te dejaré con tu soledad”

Al día siguiente me desperté con una resaca horrible, que curé con un buen vino, hice mis labores cotidianas, escribí un poco y al llegar la noche, volví a mi rutina, contemple la luna que apenas y se dejaba vislumbra, disfrute el aroma de la noche, cabe decir, que no tomé café, me acosté, y Soledad, no llamó a la puerta.

1 nota 

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era de notarse en tu mirada

o denotarse, como tu eternidad

no connotarse, con la fragilidad

de mi conducta enloquecida

por que amo con toda el alma 

y entrego hasta lo que no me pidas 

pero yo hago mal y causo heridas

y tú estas bien, me enseñas la calma, 

lo tomas así, como era de esperarse

normal, como todos piensan, es correcto

yo hago día, a día, locamente un nuevo reto

y tu lo haces con sutileza, todo igual ha de quedarse. 

gabsenbarcelona:

Para todos aquellos que alguna vez se preguntaron cómo nacen los libros…

3 notas 

Las mil y un horas en la tortillería

El domingo pasado fui a compra el desayuno, carne, leche, café y tortillas, bueno, en la carnicería, compré un kilo de bistec, de ahí pasé a la tortillería más cercana a ala farmacia, de mi madre, en la cual trabajo, ahí me encontré con una enorme, fila, era realmente grande, aunque nada fuera de lo normal, pasaron los minutos y yo no avanzaba, la gente enervada, ponía una cantidad diversa de gestos a la que atendía el local, se movían constantemente, y murmuraban ya cansada de tanto esperar su disgusto, pero aún eran sólo murmullos, poco a poco, los murmullos se hicieron menos quedos y más directos, una señora ya discutía con la encargada, los minutos pasaban y yo apenas y me había movido unos centímetros, la fila era realmente grande ahora, mis nervios, ahora eran los que se enervaban, y los desplazamientos eran ya los míos también, poco a poco, fui enterándome del asunto, la encargada pesaba tres kilos de tortilla los cubría de papel aluminio y los depositaba en un termo, el cuarto era para despachar, hacía esto con un semblante de esfuerzo y presión en su cara, pero la lentitud con la que lo hacía no disminuía, la gente profería diversas maldiciones, yo, callaba, veinte o más minutos pasaron, un señor regordete, moreno y de facciones toscas bajaba de una camioneta y se dirigía hacia el local, la señora que atendía, le entrego un termo lleno y le dijo, faltan sólo catorce, el señor, hizo un mueca, y toda la fila nos contuvimos en un suspiro general de desesperación, una señora, la más osada de todos, seguía insultando a la encargada, mientras que el señor regordete se dirigía a está diciéndole, -oye, ya mero estarán, tengo gente esperandome-  La otra le contestaba -señor me trato de apurar, pero aunque lo hago aquí la señora no me entiende y me reclama- El con desdén le dice -quedamos que alas dos lo tenías, y no se vale que por tu mal medición nos tengas esperando a todos- 

cosa que me pareció del todo acertada, al fin y después de unos veinte minutos más logre pasar, y obtener mi kilo de tortillas, con los nervios de puntas fui a la tienda a comprar la leche y el café, llegue a la farmacia, mi madre preocupada, me pregunto, le conté todo, con todo el furor y vigor, que tenía, a lo que ella después de muy atentamente escucharme, me respondió -Pero Luis, claramente te dije, que aquí había tortillas. 

Moraleja numero uno: siempre pon suma atención, te podrá servir para evitar una situación desagradable.

Moraleja numero dos y desde mi punto de vista empresarial, mercadológico y publicista: Nunca, pero NUNCA, por ambición, egocentrismo, o miedo a quedar mal, hagas compromisos que no puedas cumplir, pues es mejor perder una gran venta, a perder millones de ventas pequeñas, y perder el enamoramiento de tus clientes, por así decirlo, es mejor mostrar una buena imagen a costa de un auto conocimiento y prevención de tus responsabilidades y de tus habilidades a mostrar una buena imagen efímera, por ambición, egocentrismo, miedo o idiotez, ya que pierdes más. 

salado estrujado

Pobre corazón atormentado

Frágil corazón, vete de aquí

Pobre corazón apachurrado

Con tantas fuerzas en su sentir

Se siente tan estrujado,

Ya nada más se puede exprimir

De ese pobre corazón amordazado

Por miedo a hace sufrir

Y es su persistir

Del desafortunado 

Lo que apachurrado

Hace su dolor urgir

Pobre corazón tan desguanzado

Tan infantil

Piel pueril

Que deja a su portador atormentado

Pobre corazón tan entregado

Tan frágil

Tan vibrátil

Trémulo, anda enamorado

Triste corazón tan caprichoso

Tan estorboso cuando se entrega así

Que necesita demasiadas caricias, detalles sentir.

Pobre corazón tan ambicioso.

Ambiciona todo de ti

Ambiciona hasta lo injusto

Ambiciona el amistoso

Todo de ti asir

Pobre corazón tan astuto

Que sufre por el pétalo de un rosa que se cae,

Es dédalo su sentir, dédalo enredado en un arbusto

De idealización y entregas,

Se estruja, se desmorono con una simple acción

Ahora desmoronado, se tranquilizará por hoy.

Y cae el detalle

 Sobre el corazón salado

Y brinca como rayos dorados

Los pedazos rojos del valle

Saltan todos exprimidos

Secos y palpitantes

Anda todos prorrumpidos

De sollozos humectantes. 

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Báquico amor

Báquico amor

Me embriago de ti

De ti que amas

Sucede que así

Que así me amas

Me muero por ella

Mujer de beatitud

Mujer tan bella

Me muero de virtud

Báquica noche

Me embriago de luna

Y con un suave reproche

Te pido ternura

Luceros hermosos

Embriagan mi vista

Doy trémulos pasos

Para acercarme al artista

Con luna me embriago

Con ella me duermo

Termino jadeando

 Y me quita lo enfermo

Te tomo mi luna

A sorbos tan ávidos

Que deja tan pávidos

A los que ostentan su buna,

Ven tantas fricciones

Que temen quemarse

Que dan por servirse

De nuevo de acciones,

Pero ¡oh! Mi luna

Me embrago contigo

Me embriago sin duda

De amor conmovido

Y en cada latido

Me embriago de ti

De luz, de tu alma

Te embriagas de mí

De mis vicios mi dama

Pero te embriagas al fin

Te tomo mi ángel

En esta noche báquica

Te siento tan ágil

Que pierdo yo mi táctica

Resuelvo con mágica

Rapidez, en besarte

Me mareo con tus labios,  

Y estoy por amarte

Tus lenguas, tus senos

Tus ojos, tus senos

Tus manos, tus senos

Tus piernas, tus senos

Tus besos risueños

Y tus senos de arte

Y estoy por pintarte

El amor en tu cuerpo

Embriagarme completo

Y completa tocarte

Y báquico el templo

En que yo he de adorarte

Y báquica la noche

En que merecí adorarte,

Y deseo libarte

De ti hacer derroche

Quitarte broche a broche

La timidez de extasiarse

Placer noche a noche

De con la luna mezclarme,

Asirme  y sentirme un poco deseable.

Báquico amor

Procuro  embriagarte

De todos calor

Y formas de amarte.

 Luis Aglow.(L.A.S.A)

Naufragio en la Luna

naufrago en tu cuerpo mujer

me pierdo en tu océano divino

provoca mi alegría y mi bien

¡para perderme en ti a este mundo he venido¡

naufrago en tu abismo de flor

celeste que abre caminos,

de desnudez embriagadora cual vinos,

de candidez tan llena de amor

desnuda me dejas el alma

perdido desnudo, me encuentras

no mientas y pierdas la calma

no vuelves tú, náufrago al que amas,

cuando con tu flor cándida penetras

su ser. El ser su vida y sus letras

náufragos son por sus ganas,

aunque naufragos entre pasiones y camas

que en llamas se prenden siniestras

con furias a danzas maestras

de tu océano furioso e inmenso

intenso en este mover de las olas determino

en que abismado en ti, sólo pienso y pienso

y al ritmo de tus aguas me tenso

y al ritmo de mis gritos termino,

y naufrago con mi brocha tu lienzo

Y en tu flor el amor y la vida germino

Y me pierdo, y me pierdo y de nuevo comienzo

Y el naufragio termina sin náufrago y navío

Y el navío mi luna, se pierde conmigo

En lo eterno de él mismo con su azul infinito.

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